martes, 10 de abril de 2007

De violines y otras gaitas

Siempre me había gustado la música de violín. Lo que no sabía es que un día la acabaría detestando.
Cuando tienes a una violinista callejera tocando todos los sábados y domingos por la mañana debajo de tu balcón, acabas por tenerle cierta tirria.

¡Qué bonito!, eso es lo que pensé los primeros fines de semana. Domingo, el balcón abierto, el sol entrando, la música de fondo... ais.

Claro, que al mes, cuando te despierta por enésima vez el canon de Pachbel a violín, los nervios se te ponen de punta y tienes ganas de que todos los sábados y domingos lluevan chuzos de punta para que la calle esté vacia y silenciosa.

Benditos tapones para los oídos...