miércoles, 5 de septiembre de 2007

Trabajos



Este verano hemos estado en Cerdeña, pasamos un día por el famoso Porto Cervo. Viendo los yates de los millonarios (en la foto) fuímos testigos de una curiosa escena.
La dueña del barco subió a él con dos caniches gigantes, pero así como la dueña cruzó la pasarela sin más, los pobres canes tuvieron que sufrir un lavado de patas antes de embarcar.
Un miembro de la tripulación sumergió las ocho patas, una por una, en un cubo con agua (y quizás jabón).
Duro trabajo el de perro de millonaria, y curioso, al menos, el trabajo de la tripulación.